Sobre el artículo referido a los fantasmas, las sombras y los pliegues que guarda la memoria histórica sobre la revolución acontecida en mayo de 1810 en el “Cabildo abierto” de Buenos Aires, me gustaría aportar dos comentarios: el primero busca marcar como loable toda acción desmitificadora de los hechos humanos narrados como cuentos de hadas o épicas de héroes. Es destacable la acción reconstructora que opera el historiador cuando comienza a leer entrelíneas los documentos, las cartas, cruzándolos perspectivísticamente con los contextos, las vivencias y las experiencias humanas, más humanas (que nuestros funcionarios, políticos, comerciantes, empresarios, religiosos y etcéteras actuales dan cuenta). El segundo aporte es poner de manifiesto un accionar de la mente que llamamos pensar cuando efectivizamos una pregunta, cualquiera sea la naturaleza, la intención de ésta. Me parece fundamental que dejemos de leer la memoria escrita y vivida de nuestro pueblo, para comenzar a preguntarle a esa memoria. En el artículo entre otras se pregunta por ¿el qué? Fundamental tener en claro qué ocurrió, cuándo, dónde, y cómo… Pero no menos fundamental una vez claros estos interrogantes es preguntarse por el para qué: ¿Para qué ocurrió? ¿Para qué recordar lo que ocurrió? ¿El recordar constituye azarosamente una identidad?
Ver artículo en: http://www.citerea.com.ar/historia/Mayo.pdf
por: Juan Pablo Sabino
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3 comentarios:
Me parece confuso el último comentario: ¿Para qué ocurrió? o ¿para qué recordar lo que ocurrió? son preguntas diferentes. La primera, resulta difícil de contestar. La segunda, no tanto. Si no recuerdo mi ayer, no entiendo mi hoy. En cuanto a la identidad, creo que no se puede recordar lo que no ocurrió. Se puede inventarlo. Cosa, por cierto, bastante frecuente en nuestros días, divulgadores mediáticos de historia de por medio....
Me parece interesante rastrear los orígenes de nuestra nacionalidad, para tratar de entender por qué somos como somos.
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